Entrenar futuros agricultores para que cultiven más que solo alimentos
En una tarde de octubre en Agroecology Commons Farm, mientras una ola de calor se extendía por el East Bay, Brooke Porter y Alexa Levy se preparaban para cosechar las últimas verduras, sembrar cultivos de cobertura y dejar descansar la tierra durante el invierno. Después de su primera temporada de cultivo de alimentos, Porter y Levy anhelaban el silencio que se avecinaba. Aun así, su mirada seguía firmemente puesta en el futuro.
Ubicada en una ladera de El Sobrante, la granja de tres acres forma parte de Agroecology Commons, un colectivo dedicado a promover un sistema alimentario más justo. La idea es transformar el terreno para construir una granja incubadora que les ofrezca a agricultores BIPOC y queer una formación práctica en cultivo y el acceso a la tierra. Cuando el colectivo adquirió el terreno, llevaba más de 50 años sin ser cultivado.
Alexa Levy habla con agricultores noveles. Foto: Brooke Porter
La granja nunca tuvo como propósito ser solo un lugar para producir alimentos orgánicos. Porter y Levy fundaron el colectivo en 2020, en plena pandemia, cuando “las grietas del sistema alimentario se estaban volviendo cada vez más visibles”, dice Levy. Querían crear un modelo cooperativo de gestión agroecológica del territorio, basado en la equidad y la comunidad. “La tierra es muy disputada”, dice Porter. “Nuestro sistema agrícola se construyó sobre tierras robadas y la esclavitud. Y creo que hay una necesidad real de confrontar eso”.
El año pasado, las agricultoras sembraron flores silvestres nativas, que ahora florecen en parches verdes y amarillos por todo el terreno que zumba con polinizadores. “Estamos viendo cómo la estructura del suelo cambia activamente”, dice Porter. Han construido una estación de lavado, un apiario y una biblioteca para prestar herramientas. El terreno también alberga a grupos asociados como Planting Justice, Sogorea Te Land Trust y Goat Wild Collective. Comparten equipos, se apoyan mutuamente y se reúnen mensualmente para una cena comunitaria.
El eje central del trabajo del colectivo es el Programa de Entrenamiento Agricultor-a-Agricultor del Área de la Bahía, un curso de nueve meses que conecta a cultivadores experimentados con agricultores principiantes de comunidades BIPOC, grupos marginados por género, queer y de clase trabajadora. Los participantes aprenden habilidades tanto técnicas como políticas. Una semana puede centrarse en la seguridad en el uso de tractores; la siguiente, en un invitado que habla sobre soberanía alimentaria y movimientos agrarios.
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El modelo ya está transformando carreras. Reyna Yagi, una exalumna del programa que ahora dirige su propia granja orgánica en Sebastopol, dice que la experiencia le proporcionó una red de contactos y un sentido de pertenencia en un sector históricamente dominado por hombres blancos y operaciones a gran escala. En todo Estados Unidos, los agricultores envejecen, pero el número de nuevos agricultores está creciendo. “¿Cómo podemos garantizar ese crecimiento de una manera que ofrezca a las personas una oportunidad de propiedad, autonomía y posiciones que normalmente no se les conceden a la comunidad BIPOC?”, dice Yagi.
Miembro colectivo Jeneba Kilgore. Foto: Brooke Porter
El acceso a la tierra sigue siendo una barrera importante. El precio promedio de la tierra agrícola en California supera los 15.000 dólares por acre, lo que la pone fuera del alcance de muchos nuevos agricultores. Agroecology Commons aborda este tema mediante parcelas incubadoras, capacitaciones remuneradas y capital semilla para ayudar a los participantes a desarrollar proyectos independientes.
Porter y Levy ven la agroecología como un camino hacia la resiliencia. Su visión va más allá de la agricultura e incluye espacios para el encuentro, la celebración y el cuidado compartido. “Estamos soñando en grande”, dice Porter, mirando hacia la granja. Su sueño “mínimo”, como ella lo llama, “sigue siendo bastante vasto”. Imaginan dividir el terreno en parcelas incubadoras, cada una ofreciendo a los agricultores un espacio para darles vida a sus propias visiones. También se imaginan la creación de espacios para mercados temporales, pícnics, arte, baile e incluso noches de cine. “Un invernadero sería fabuloso”, añade. “Estamos muy emocionadas de ver [la granja] en las temporadas que vienen.”
Abreviado por el equipo de KDT y traducido por Juan Pablo Pérez-Burgos.
Foto: Brooke Porter




