En Canticle Farm, la comida y la comunidad son las oraciones para un mundo mejor
En un viernes por la tarde reciente, en un modesto jardín casero en una calle residencial en el este de Oakland, se observaban varias cajas de tubérculos, verduras, leche, tomates enlatados y pan fresco. Los vecinos iban y venían, y llenaban sus bolsas con los alimentos gratuitos.
Cole Rainey y Willow Holiday disfrutaban de la sombra, sentados en un banco de madera, ambos saludando a esos que pasaban.
Hola, buenas.
Buenos días. Bienvenidos.
El jardín pertenece a Canticle Farm, la cual se define según su página web, como «un huerto urbano, un centro educativo y una comunidad con propósito».
Rainey y Holiday reanudaron recientemente la distribución semanal de alimentos tras un largo paréntesis, todos los viernes al mediodía. Los alimentos proceden de la granja Sage Steward Farm en Pescadero, en la cual trabaja Rainey, de Berkeley Food Network y del propio jardín que se encuentra en Canticle.
Los vecinos de Fruitvale se acercan los viernes por la tarde para recoger alimentos gratuitos. Foto: Nik Altenberg
Desde la calle, la casa 1972 de la 36th Ave. parece una vivienda común y corriente perteneciente a un aficionado de la jardinería. Pero detrás de una pequeña puerta de madera al lado de la casa se encuentra algo excepcional.
Hay casas grandes, pequeñas viviendas, una yurta, una cabaña que se utiliza exclusivamente para trabajos de justicia restaurativa, jardines, una hoguera, una cocina comunitaria y un arroyo que recientemente ha recuperado su curso natural.
La distribución de alimentos es solo una pequeña parte de Canticle Farm, según Rainey y Holiday.
«Una parte importante de lo que representa esta comunidad es derribar muros, eliminar las barreras entre nuestras vidas atomizadas», afirma Rainey, quien lleva una década trabajando con Canticle Farm. «El espacio es intergeneracional, interracial e interreligioso» y alberga a unas 50 personas, explica Holiday.
Una de las casas alberga hombres puestos en libertad condicional tras cumplir condenas de cadena perpetua. Otra, es para solicitantes de asilo, los cuales pueden quedarse días o años. A estos residentes no se les cobra alquiler.
«Aquí todo funciona según la economía del regalo», afirma Rainey. Eso incluye compartir muchos productos, comidas y quehaceres.
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Ejna Fleury, miembro inscrito de la tribu Crow Creek Sioux de Oceti Sakowin, se describe a sí misma como la residente más anciana de Canticle Farm: este año cumple 80. Fleury es la fundadora de Divine Mother’s Love y forma parte del Founding Mothers Movement.
Fleury tiene una visión de soberanía alimentaria en la que todos los residentes de Oakland cultivan alimentos en sus propios jardines, donde todas las avenidas tienen árboles con fruta y donde la ciudad se coordina con las granjas de los alrededores para ser resiliente en caso de interrupciones en las cadenas de suministro.
«Sería muy divertido que las comunidades cultivaran juntas. Por ejemplo, esta manzana se encargaría de las patatas, aquella del maíz y aquella otra tendría muchos cítricos», afirma la residente mas anciana de Canticle Farm, quien añade que se podrían organizar fiestas vecinales para plantar, cuidar y cosechar.
«Más vale que consigamos una buena soberanía alimentaria porque se avecina una escasez de alimentos, y un colapso, estamos en medio de un colapso», afirma Fleury.
Fleury afirma que la comida es un hilo conductor en Canticle, simplemente por el hecho de convivir y compartir alimentos.
Varios de los residentes en Canticle poseen un talento excepcional cocinando, según Fleury.
Uno de ellos, Jacob Sandoval, lleva viviendo en Canticle alrededor de dos años. «Sentir la energía de los alimentos de la tierra es una sensación maravillosa», afirma. Sandoval es del pensar que una buena comida puede «curar y unir a las personas».
Willow Holiday pasea por las propiedades de Canticle Farm en East Oakland. Foto: Nik Altenberg
«Aquí conviven personas de entre unos pocos meses y 80 años», explica Holiday. «Realmente se siente como una oración por la creación y la recreación de pueblos». En otras palabras, un retorno a la forma en las que las personas deberían vivir: en conexión entre sí y en conexión con la tierra.
Todos son bienvenidos a asistir a las liturgias en Canticle todos los domingos de 9 a 10 de la mañana. También se encuentran disponibles días regulares de trabajo en el jardín, los cuales se envían en una lista de correo electrónico para los residentes del Área de la Bahía.
Traducido por Nik Altenberg.




