El cambio climático hace que respirar en West Oakland sea cada vez más difícil

by | May 6, 2026

Drawing of a tent with green trees inside and people sitting at tables and chairs, and an air purifier connected to the outside.

En marzo, durante los días de invierno más calientes jamás registrados en el Área de la Bahía y en California, Ms. Margaret Gordon se quedó en casa, huyendo del bochorno. Como muchos en West Oakland, tiene asma y es consciente de lo peligroso que es el calor. Así que se cuidó como siempre lo hace durante una ola de calor: cerró las ventanas, bajó las persianas, bajó el termostato y encendió todos los ventiladores que tenía a la mano.

Pero como activista ambiental de toda la vida, Gordon sabe que quedarse en casa no es una opción para todos sus vecinos.

“No todo el mundo tiene ese tipo de apoyo”, dice. “No todo el mundo anda en carro con aire acondicionado. No todo el mundo tiene esos privilegios. Hay muchas desigualdades.”

Por décadas, West Oakland ha visto tasas de asma más altas que las de los barrios aledaños: uno de cada cinco adultos, según una encuesta estatal, ha sido diagnosticado, y los niños tienen siete veces más probabilidades de ser hospitalizados por asma que los niños en cualquier otro lugar de California. Y el cambio climático lo está agravando. Los científicos han encontrado que las temperaturas extremas, tanto el calor como el frío, aumentan la probabilidad de sufrir un ataque de asma, pues desencadenan una serie de respuestas biológicas que pueden provocar inflamación y constricción de las vías respiratorias. “El cambio climático es una preocupación crítica para el control del asma”, concluyó un estudio que también encontró que los niños y las mujeres son más vulnerables.

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Margaret Gordon. Photo: Earth Justice

Margaret Gordon. Photo: Earth Justice

Vivimos en un mundo con condiciones climáticas cada vez más extremas, en el que las olas de calor serán cada vez más frecuentes e intensas. En el condado de Alameda, los expertos han pronosticado que para el 2050 las olas de calor se triplicarán de cinco al año a quince. Eso pone en peligro a muchos residentes de West Oakland, donde no hay refugios climáticos para escapar de las altas temperaturas.

“Cuando llega una ola de calor, tenemos un impacto acumulado del calor y de las emisiones que puede afectar la capacidad de respirar”, dice Gordon. “¿Qué pasa con los habitantes de calle? ¿Qué pasa con los niños en las escuelas? Todos ellos deberían tener derecho a respirar aire limpio en los días de calor extremo.”

Ms. Margaret Gordon llegó a West Oakland a principios de los noventa, y no le tardó mucho darse cuenta por qué las tasas de asma eran más altas. El barrio está ubicado detrás de uno de los puertos más grandes de Estados Unidos y está rodeado por tres autopistas. Durante las siguientes dos décadas, pasó sus días mapeando la contaminación del aire y su impacto. Su trabajo sentó las bases para investigaciones que confirmaron que las elevadas tasas de asma y cáncer en West Oakland están ligadas al aire tóxico que respiran sus habitantes.

El Puerto de Oakland lo sabe y lleva dos décadas trabajando en reducir sus emisiones. El año pasado dio un gran salto: con un grant de 322 millones de dólares de la EPA, se asoció con organizaciones de West Oakland para electrificar sus grúas, montacargas y tractores, y así reducir en más de 69.000 toneladas al año los gases de efecto invernadero para finales de esta década.

Hileras de más de una docena de camiones junto al puerto de Oakland.

Los camiones recogen la mercancía en el puerto de Oakland. Foto: Karl Nielsen

Pero los camiones que transportan carga hacia y desde el puerto, que son los que más contaminan, no cambiarán en el corto plazo. Pertenecen a empresas privadas y no están incluidos en la electrificación. En un intento por reducir estas emisiones en todo el estado, la Junta de Recursos del Aire de California había planeado retirar gradualmente los camiones y trenes diésel, pero abandonó esos planes pocas semanas antes de que Donald Trump regresara a la Casa Blanca, anticipando que la nueva EPA no los aprobaría. Gordon reconoce el progreso que ha hecho el puerto, pero en un mundo cada día más caliente, los camiones que circulan a diario por las calles de West Oakland le preocupan.

“Nosotros no vivimos en el muelle. No vivimos frente al mar”, dice Gordon. Ella y la mayoría de sus vecinos todavía pueden escuchar el rugido de los camiones de carga. “Solo la gente de Alameda vive frente al mar.”

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About The Author

Juan Pablo Pérez-Burgos

is a bilingual journalist who reports on the environment and communities often overlooked in mainstream narratives. He covers housing, local government, migration, climate, conflict, and transitional justice in Colombia and the United States. His work has taken him from rural Colombia to city council chambers in California, where he focuses on how policy decisions shape people’s lives. He is a UC Berkeley California Local News 2024 fellow based in the Bay Area.